Para mí un epílogo siempre ha sido el principio de una nueva historia.
Llevo tiempo pensando en escribir lo que mi corazón intenta contar en estas líneas. Me lo debo y, sobre todo, se lo debo.
Se lo debo a todas esas estrellas que, en la oscuridad más profunda, nos ayudan a caminar cuando el camino se hace cuesta arriba y no somos capaces de encontrar nuestra propia paz interna.
El verano ha traído en sus noches la melodía de una canción que nunca acaba. Da igual el tiempo que pase, las lágrimas derramadas o las horas a solas con un folio escribiendo todo el dolor que me cabe en el pecho. Volveré a ver todas esas fotografías que congelaron nuestra historia y descubriré una nueva sonrisa en lo más profundo de mi alma.
Y, cuando lo haga, me prepararé para seguir cantando más fuerte que nunca. Cantaré hasta que pueda con ese estribillo que desgarra mis sentimientos. Lo haré por mí, y, sobre todo, por todos aquellos que dejaron de hacerlo antes de tiempo.